El FC Barcelona y Oriol Romeu han puesto punto final a una relación que, apenas dos años después de comenzar, se apaga sin brillo. El mediocampista de Ulldecona ha llegado a un acuerdo con el club para rescindir el contrato que lo vinculaba hasta 2026. Una decisión inevitable que, más allá de su carga simbólica, tiene un efecto inmediato: aligerar masa salarial y abrir la puerta a la inscripción de Gerard Martín, una de las grandes apuestas de la cantera azulgrana.
Un movimiento clave para Flick
El Barça llevaba semanas buscando soluciones a un rompecabezas: jugadores como Gerard Martín, Szczesny o Roony Bardghji todavía no habían podido ser inscritos en LaLiga por la falta de espacio en el límite salarial. Entre las salidas pendientes estaban los nombres de Iñaki Peña, Héctor Fort y el propio Romeu, descartes de Flick que, con su adiós, despeja una primera vía de oxígeno para la dirección deportiva.
El técnico alemán respira aliviado: contra el Rayo Vallecano podrá contar ya con Gerard Martín, lateral izquierdo de proyección que también puede actuar en el eje de la defensa. Una pieza que considera imprescindible para reforzar la rotación en una plantilla exigida al máximo desde el arranque de curso.
El regreso que ilusionó y se apagó rápido
Cuando en el verano de 2023 el Barça anunció la llegada de Oriol Romeu, muchos lo vieron como una solución práctica, económica y con “ADN Barça”. La marcha de Sergio Busquets había dejado un agujero gigantesco en el pivote, y con Zubimendi inalcanzable por razones económicas, el club se fijó en un futbolista de la casa que venía de firmar una temporada espectacular en el Girona.
Por apenas 3,4 millones de euros (que acabaron siendo cerca de cuatro, tras la activación de su cláusula de rescisión), Romeu aterrizó con ilusión. El propio Mateu Alemany, entonces director deportivo, lo presentó con elogios: “Tiene nuestro ADN, es de la casa, y además liderazgo y compromiso”.
El mediocentro tampoco escondía su felicidad: “Me llega el reto en el mejor momento de mi carrera. Vengo a aportar equilibrio, físico y experiencia. Estoy preparado para demostrarlo en el campo”.
De pieza clave… al ostracismo
Y lo cierto es que el inicio fue prometedor. Romeu encajó bien en el esquema de Xavi Hernández, sobre todo cuando coincidía con De Jong en la base de la jugada. Ese “cuadrado mágico” dio estabilidad al equipo en los primeros meses de competición. Sin embargo, la película se torció pronto.
La plaga de lesiones en el mediocampo obligó al catalán a multiplicarse, y ahí empezó su declive. Falto de frescura y con una presión enorme, no logró sostener el nivel. Poco a poco perdió confianza, los minutos se redujeron y dejó de ser una opción real en la rotación.
En verano, el Barça lo cedió de nuevo al Girona, casi como un reconocimiento a la etapa donde había brillado. Pero la incógnita sobre su bajón siguió abierta. El propio jugador lo admitió meses después en una entrevista sincera: “No he tenido ningún problema mental, simplemente llegó un punto en que dejé de disfrutar en el campo. Intentas trabajar, recuperar la confianza… pero no siempre lo consigues”.
Un adiós con sabor amargo
La rescisión de contrato certifica que la historia de Romeu en el Camp Nou ha sido más un paréntesis gris que un capítulo brillante. Llegó como la solución de urgencia a un problema mayúsculo, pero acabó marchándose como una pieza prescindible en un proyecto que ahora mira hacia la juventud y el futuro.
Para el Barça, la operación supone oxígeno financiero y una jugada estratégica que permitirá a Flick tener ya al lateral Gerard Martín disponible. Para Romeu, significa libertad para negociar con los clubes que lo han tanteado en las últimas semanas, con la opción de volver a la Liga o probar una aventura en el extranjero.
El contraste del destino
El fútbol es así: hace poco más de un año, Romeu regresaba como el hijo pródigo que volvía a casa para ocupar el trono de Busquets. Hoy, se marcha en silencio, sin protagonismo y con el cartel de “expediente cerrado”.
Un adiós que deja una moraleja clara: no basta con tener ADN Barça, hay que sobrevivir a la exigencia del Camp Nou. Y esa, por desgracia, ha sido una batalla que Oriol Romeu no pudo ganar.