El FC Barcelona ya tiene cerrado su primer movimiento del año, aunque todavía falte el trámite de hacerlo oficial. No es un fichaje mediático, no llegará con focos ni portadas internacionales, pero dentro del club lo consideran una de esas operaciones que, si salen bien, explican muchas cosas del futuro. El protagonista es Hamza Abdelkarim, delantero egipcio que acaba de cumplir 18 años este 1 de enero y que aterrizará en Barcelona procedente del Al Ahly, uno de los gigantes del fútbol africano.
Según informaciones procedentes de Egipto, el acuerdo está completamente encarrilado: cesión hasta final de temporada, refuerzo directo para el Barça Atlètic y una opción de compra fijada en 1,5 millones de euros más variables, además de un 15% de una futura venta que se quedaría el club egipcio. Una fórmula ya clásica en los despachos del Camp Nou, donde la palabra clave sigue siendo control del riesgo.
Las negociaciones no han sido sencillas ni rápidas. Han durado semanas y han requerido ajustes por parte del Barça, que terminó mejorando su oferta inicial para convencer al Al Ahly. La operación avanzó definitivamente cuando el propio futbolista tomó partido y dejó claro que solo quería jugar en el FC Barcelona, forzando así el desenlace. El acuerdo con el jugador es total y solo falta el intercambio definitivo de contratos entre ambos clubes para activar el viaje a la capital catalana, previsto inicialmente para los primeros días de enero.
Si no hay giros de última hora, Hamza Abdelkarim se convertirá en el primer futbolista egipcio de la historia en vestir la camiseta del Barça, un detalle simbólico que no pasa desapercibido en una entidad que lleva tiempo ampliando su radar más allá de los mercados tradicionales. En el club lo ven como un perfil muy concreto: joven, con margen de crecimiento, competitivo y con experiencia prematura en el fútbol profesional.
Y es que, pese a su edad, Hamza ya sabe lo que es jugar con el primer equipo del Al Ahly. Ha disputado cuatro partidos oficiales, tres de liga y uno en la CAF Champions League, una competición que no suele regalar minutos a adolescentes. Además, es internacional Sub-17 con Egipto, donde ha sido una de las piezas ofensivas más prometedoras de su generación.
El Barça no lo ficha para cubrir un expediente ni para hacer bulto. Llega con un plan claro. El primero, reforzar a un Barça Atlètic muy castigado por las lesiones. El filial azulgrana atraviesa una situación delicada en ataque, con bajas de peso que han condicionado seriamente su rendimiento. El goleador Víctor Barberá no volverá, como mínimo, hasta marzo. A eso se suman las ausencias de Gistau, Ureña, y de extremos como Ibrahim Diarra y Sama Nomoko, dejando al equipo con un margen ofensivo mínimo.
En este contexto, la llegada de Hamza no es solo una apuesta de futuro, sino también una solución inmediata. El cuerpo técnico necesita goles, presencia en el área y alternativas ofensivas, y el egipcio encaja por perfil y por disponibilidad. En el club destacan su movilidad, capacidad para atacar espacios y personalidad pese a su juventud, algo que valoran especialmente en un entorno tan exigente como el fútbol formativo del Barça.
Más allá del corto plazo, el fichaje responde a una estrategia clara impulsada por Deco desde la dirección deportiva. El Barça busca talento precoz a bajo coste, con margen de revalorización y posibilidad real de llegar al primer equipo. El precedente más reciente es el de Roony Bardghji, incorporado con una lógica muy similar y con vistas a un crecimiento progresivo dentro de la estructura del club.
No hay promesas grandilocuentes ni discursos inflados. En el Barça saben que el salto es enorme y que no todos los talentos jóvenes acaban cumpliendo expectativas. Pero también tienen claro que este tipo de operaciones son las que el club puede y debe permitirse ahora mismo, especialmente en un contexto económico que obliga a ser creativo, paciente y quirúrgico.
Hamza Abdelkarim llega sin ruido, pero con ilusión y ambición. Llega sabiendo que el camino será largo y que nadie le va a regalar nada. Y llega, sobre todo, a un club que vuelve a mirar al futuro con la convicción de que las grandes historias no siempre empiezan con fuegos artificiales, sino con decisiones inteligentes tomadas a tiempo.
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