En los despachos del FC Barcelona ya no se habla solo de futuro. Se habla de relevo. De herencia. De lo que viene después. Y cuando un club empieza a planificar la vida sin su referencia ofensiva, es que algo se está moviendo de verdad. La etapa de Robert Lewandowski entra en zona decisiva y en el Camp Nou no quieren que les pille el toro. Por eso hay un nombre subrayado en rojo, uno que no es una promesa, sino una realidad contrastada: Marcus Thuram.
El delantero francés del Inter de Milán ha pasado de ser una opción interesante a convertirse en una posibilidad estratégica. En el Barça saben que sustituir a un goleador histórico no se improvisa. No se trata solo de encontrar a alguien que marque goles. Se trata de fichar a un futbolista con personalidad, jerarquía y capacidad inmediata de impacto. Y ahí es donde encaja Thuram.
La dirección deportiva maneja varios escenarios, pero hay uno que gana fuerza. Si Lewandowski sale este verano, el club necesita un golpe encima de la mesa. Nada de experimentos ni apuestas a tres años vista. Hace falta un delantero que compita desde el minuto uno, que entienda la presión de vestir la camiseta azulgrana y que no se esconda en noches grandes. Thuram reúne ese perfil.

En Italia lo consideran intocable. En el Inter es más que un delantero: es una pieza estructural del proyecto. Su rendimiento en la Serie A y en competiciones europeas ha sido determinante. No es un ‘9’ clásico que viva solo del área. Es un atacante que se mueve, que arrastra marcas, que cae a banda, que entiende el juego colectivo. Tiene físico, sí, pero también lectura táctica y capacidad asociativa. En el modelo Barça, eso vale oro.
En el club azulgrana gusta especialmente su madurez competitiva. No es un adolescente con potencial. Es un futbolista en plenitud, curtido en escenarios exigentes y con experiencia internacional. El cuerpo técnico valora su versatilidad, su potencia en transiciones y su capacidad para generar espacios. En un equipo que necesita recuperar amenaza ofensiva constante, ese perfil encaja como anillo al dedo.
Ahora bien, nada de esto sería sencillo. El Inter no está dispuesto a regalar a uno de sus pilares. El mensaje que llega desde Milán es claro: solo una oferta cercana o superior a los 80 millones de euros abriría una conversación real. Y ahí aparece el gran interrogante. El Barça sigue condicionado por su situación financiera. Cualquier operación de esa magnitud exige ingeniería económica, salidas estratégicas y planificación quirúrgica.
Pero el club no descarta nada. Porque hay algo que pesa más que las cifras: el miedo a quedarse sin recambio de garantías. Lewandowski ha sido referencia, liderazgo y gol. Su sombra es alargada. Y el Barça no quiere atravesar una temporada de transición ofensiva. La reconstrucción debe hacerse con piezas sólidas, no con parches.

En los despachos lo tienen claro: el próximo delantero debe aportar presente y futuro. No basta con que rinda un año. Debe ser parte del nuevo núcleo competitivo. Thuram, por edad y recorrido, encaja en esa ecuación. Está en el punto exacto entre experiencia y ambición. Y eso seduce.
Mientras tanto, el jugador sigue centrado en el Inter. No hay declaraciones incendiarias ni gestos públicos. Pero en el mercado moderno, los movimientos no siempre empiezan en el césped. Empiezan en conversaciones discretas, en informes técnicos, en llamadas que tantean el terreno. Y el nombre de Marcus Thuram ya no es una simple especulación: es una posibilidad real sobre la mesa azulgrana.
El verano se presenta largo. Si finalmente se activa la salida de Lewandowski, el Barça tendrá que actuar con rapidez. El mercado no espera y los grandes clubes tampoco. Porque cuando un delantero de este nivel entra en circulación, media Europa se posiciona.

La pregunta ya no es si el Barça necesita un heredero. Eso es evidente. La verdadera cuestión es si está dispuesto a apostar fuerte para asegurarse uno. Y si los 80 millones que exige el Inter son el precio de la tranquilidad deportiva.
El tablero está preparado. El relevo generacional en la delantera azulgrana puede tener nombre y apellido. Y si las piezas encajan, el próximo gran movimiento del mercado podría tener acento francés y destino Barcelona.



