El FC Barcelona se prepara para un verano movido en los despachos. Joan Laporta, consciente de que la afición reclama un fichaje estelar para volver a competir con los gigantes de Europa, ya ha puesto nombre y apellido al que quiere que sea el próximo líder del ataque azulgrana. La decisión llega en un momento clave, con Robert Lewandowski en la recta final de su contrato y con la necesidad de un relevo de garantías en la delantera.
Laporta no esconde que Julián Álvarez siempre ha sido una debilidad personal. Ya cuando el argentino brillaba en el Manchester City, el presidente culé soñaba con vestirlo de blaugrana. Sin embargo, en 2024, las circunstancias económicas y la plena confianza en Lewandowski alejaron aquella opción. Finalmente, Julián acabó fichando por el Atlético de Madrid, donde rápidamente se convirtió en el estandarte del proyecto colchonero.
El inicio de temporada del delantero argentino está siendo espectacular. Sus actuaciones en LaLiga, incluido el derbi contra el Real Madrid, han devuelto la ilusión a los culés que ya imaginan verlo en el Camp Nou. Con apenas 25 años, Álvarez combina la garra sudamericana con una capacidad goleadora de élite. Su impacto ha sido tal que no solo enamora a Simeone y al Metropolitano, sino también al mismísimo presidente del Barça, decidido a hacer un esfuerzo histórico por traerlo.
La situación contractual de Lewandowski abre la puerta a un movimiento de gran calibre. El polaco termina contrato al final de la temporada y su salida liberará un total de 38,5 millones de euros entre salario y amortización. Una cifra clave para poder inscribir un fichaje top bajo la regla 1:1 de LaLiga. El Barça calcula que esos números le dan margen suficiente para lanzarse por un jugador de primer nivel mundial.
Más allá de lo económico, en el Barça son optimistas porque saben que Álvarez siempre ha tenido al club blaugrana muy presente. Su representante, Fernando Hidalgo, reveló que el ídolo de Julián desde niño fue Leo Messi y que, como la mayoría de argentinos, siente un vínculo especial con el Barça. Esa afinidad podría ser un punto clave a la hora de empujar una operación complicada, pero no imposible.
Aquí llega el gran obstáculo: el Atlético de Madrid no tiene ninguna intención de desprenderse de su jugador franquicia. Julián tiene contrato hasta 2030 y una cláusula de rescisión de 500 millones de euros. Aunque esa cifra es simbólica, en el Camp Nou saben que negociar con los rojiblancos no será sencillo. El Barça calcula que el precio mínimo que exigiría el club colchonero rondaría los 200 millones de euros, una cantidad que roza lo prohibitivo.
El propio Julián ha reconocido que eligió al Atlético como un reto personal, queriendo crecer fuera de la sombra del Manchester City y buscando títulos en un club con menos facilidades que los gigantes europeos. Aun así, en su entorno no descartan escuchar ofertas el próximo verano. El mensaje es claro: dependerá de la voluntad del jugador, del Barça y de la capacidad negociadora con el Atlético.
Aunque Julián Álvarez es la prioridad de Laporta, en el Camp Nou no olvidan otra opción: Erling Haaland. La buena relación del presidente azulgrana con la agente Rafaela Pimienta podría abrir un escenario alternativo. Con elecciones a la vista, Laporta quiere dar un golpe sobre la mesa y traer al Camp Nou un fichaje que devuelva la ilusión a los culés.
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