El Barça rompe con la Superliga y da un giro histórico a su futuro europeo

Lo que durante años fue una relación incómoda, tensa y sostenida casi por inercia ha llegado a su final. El FC Barcelona ha comunicado de forma oficial su desvinculación total del proyecto de la Superliga, una decisión que supone un terremoto institucional y que cambia de manera radical el posicionamiento del club en el tablero del fútbol europeo. El anuncio, trasladado formalmente a la European Super League Company y a los clubes fundadores, confirma lo que en los despachos del Camp Nou ya se asumía desde hace meses: la Superliga es pasado.

El movimiento no es improvisado ni responde a una reacción puntual. Es el desenlace lógico de un proyecto que nació en 2021 envuelto en promesas grandilocuentes, discursos de modernidad y una guerra abierta contra la UEFA, pero que con el paso del tiempo quedó reducido a un pulso legal sin apoyo deportivo, social ni institucional. El Barça, que junto al Real Madrid fue el gran sostén del plan, ha decidido finalmente soltar amarras.

Joan Laporta ya había dejado pistas claras. En público moderaba el discurso, hablaba de “defender los intereses del club” y evitaba choques directos, pero en privado el mensaje era otro: no había recorrido real. La Superliga no avanzaba, no sumaba clubes, no generaba consenso y, lo más importante, no ofrecía una solución inmediata a los problemas económicos del Barça. Mantenerse dentro era más un lastre político que una ventaja estratégica.

En paralelo, el club azulgrana fue reconstruyendo puentes con la UEFA. El gesto más simbólico se produjo en octubre, cuando Laporta compartió escenario y sonrisas con Aleksander Čeferin y Nasser Al-Khelaifi en un acto organizado por la ECA, ahora rebautizada como EFC. Aquella imagen fue cualquier cosa menos casual. Era una declaración de intenciones. El Barça quería volver al redil europeo sin ruido, sin épica y sin más batallas judiciales.

Con esta salida, el club refuerza su integración plena en el ecosistema UEFA, algo clave tanto a nivel deportivo como económico. La Champions League sigue siendo la gran fuente de ingresos, visibilidad y prestigio, y el Barça no está en posición de jugar a ser un verso suelto. La prioridad ahora es estabilidad, credibilidad y reconstrucción, no revoluciones fallidas.

Pero la decisión tiene un efecto colateral evidente: rompe definitivamente el frente común con el Real Madrid. Una relación ya muy deteriorada por los continuos choques institucionales, el caso Negreira y las diferencias estratégicas entre Laporta y Florentino Pérez. Mientras el Barça opta por el pragmatismo, el Madrid mantiene viva una guerra que cada vez parece más solitaria.

El escenario es claro. La Superliga queda prácticamente en coma. Manchester City, United, Liverpool, Chelsea, Arsenal, Tottenham, Inter, Milan y Atlético de Madrid abandonaron el proyecto en cuestión de horas tras la presión social de sus aficiones. La Juventus oficializó su salida en 2023. Y ahora, con el Barça fuera, solo queda el Real Madrid, acompañado únicamente por la empresa A22, sosteniendo una causa que ya no tiene respaldo deportivo.

Desde la propia Superliga no hay sorpresa. Fuentes del proyecto admiten que el movimiento del Barça era esperado, especialmente después de que el club catalán no se sumara en noviembre a la demanda conjunta presentada por el Madrid y A22 contra la UEFA, en la que reclamaban más de 4.500 millones de euros por presunto abuso de posición dominante. Aquella ausencia fue la señal definitiva.

Para el Barça, la salida también es un mensaje interno. Se cierra una etapa marcada por decisiones arriesgadas, discursos grandilocuentes y alianzas incómodas. El club asume que su futuro pasa por jugar dentro del sistema, influir desde dentro y recuperar peso institucional sin enfrentamientos permanentes. No es romanticismo. Es supervivencia.

La Superliga prometía cambiar el fútbol, pero acabó atrapada en su propio relato. El Barça, con una economía todavía frágil y un proyecto deportivo en reconstrucción, ha decidido bajarse antes de que el tren descarrile del todo. El golpe es histórico, sí. Pero también es una maniobra de realismo.

Iker Maiz

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