El mercado de invierno vuelve a dejar una sensación incómoda en el FC Barcelona. Otra promesa formada en casa prepara las maletas antes de encontrar un espacio real en el primer equipo. Esta vez, el movimiento llega desde Italia, donde el Como ha sabido leer el contexto y actuar con rapidez para alcanzar un acuerdo de cesión por uno de los defensas jóvenes mejor valorados de la cantera azulgrana. Un paso que confirma la ambición del club lombardo y, al mismo tiempo, evidencia las dificultades estructurales del Barça para gestionar su talento emergente.
El acuerdo está muy avanzado y solo quedan detalles formales para cerrarlo. El Como ha convencido al entorno del jugador con un proyecto claro, basado en desarrollo, paciencia y protagonismo, tres conceptos que hoy resultan difíciles de garantizar en el Camp Nou. Para el Barça, la operación supone otra decisión delicada en una defensa saturada y con una hoja de ruta marcada por la urgencia competitiva y las limitaciones económicas.
El futbolista en cuestión es Andrés Cuenca, central de 18 años, habitual en el Barça Atlètic y con un currículum impropio de su edad. Cuenca ya sabe lo que es debutar en la Champions League con el primer equipo, un hito que confirma el enorme potencial que los técnicos siempre han visto en él. Sin embargo, el contexto actual ha terminado pesando más que el talento.
El contrato del joven defensor finaliza a finales de junio y las negociaciones para su renovación nunca llegaron a consolidarse. En el Barcelona asumieron hace tiempo que el escenario era complejo. La competencia en su posición es feroz, con nombres como Pau Cubarsí, Ronald Araújo, Gerard Martin y Eric García cerrando prácticamente cualquier vía de acceso estable al primer equipo. Para un central en plena fase de crecimiento, el bloqueo deportivo se convirtió en un problema estructural.
Ahí es donde apareció el Como. El club italiano, decidido a consolidarse en el fútbol profesional con una identidad clara, vio en Cuenca una oportunidad estratégica. No solo por su talento, sino por su situación contractual y su margen de crecimiento. El movimiento no es improvisado. Desde Italia destacan la rapidez con la que el Como se colocó por delante de otros clubes interesados procedentes de Italia, Francia y distintos mercados europeos.
Eso sí, el plan no contempla un salto inmediato a la Serie A. El Como tiene claro que el desarrollo del jugador pasa por una transición inteligente. La idea es ficharlo y cederlo de inmediato hasta final de temporada para que acumule minutos, experiencia y continuidad competitiva. En ese contexto, el Sporting de Gijón emerge como una de las opciones mejor posicionadas. La posibilidad de competir en Segunda División, en un entorno exigente pero conocido, permitiría a Cuenca seguir creciendo sin romper del todo su vínculo con el fútbol español.
Desde el punto de vista del jugador, la operación se percibe como un paso lógico. Cuenca quiere jugar, sentirse importante y construir un camino real hacia la élite. La promesa de minutos y confianza ha pesado más que la incertidumbre de seguir esperando una oportunidad que, hoy por hoy, no parece cercana en el Barça. El entorno del futbolista valora especialmente la claridad del proyecto italiano y la hoja de ruta trazada a medio plazo.
Para el Barcelona, la salida vuelve a dejar un sabor agridulce. El club es consciente de que deja escapar talento, pero también de que la situación financiera y deportiva obliga a tomar decisiones pragmáticas. Por eso, en la negociación se ha puesto el foco en conservar un porcentaje de una futura venta o algún derecho preferente que permita mantener cierto control sobre el futuro del jugador. Una fórmula ya habitual en los últimos mercados y que refleja la necesidad de proteger activos sin poder retenerlos.
El caso de Andrés Cuenca no es aislado. Forma parte de una tendencia cada vez más visible: jóvenes con proyección que buscan fuera el espacio que no encuentran dentro. El Barça sigue siendo una fábrica de talento, pero la acumulación de perfiles y la exigencia inmediata del primer equipo convierten el tránsito desde la cantera en un camino cada vez más estrecho.
Para el Como, en cambio, el movimiento es toda una declaración de intenciones. Apostar por un central de 18 años con experiencia europea, anticiparse a clubes más poderosos y diseñar un plan de crecimiento real es una señal clara de ambición. El club italiano no solo quiere competir, quiere construir.
El desenlace es inminente. Si nada se tuerce, Andrés Cuenca iniciará una nueva etapa lejos del Camp Nou, con la sensación de que su historia en el Barça no ha terminado del todo, pero sí ha entrado en pausa. El mercado, una vez más, dicta sentencia. Y esta vez, el Como ha sabido llegar antes que nadie.
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