El mercado todavía no ha abierto oficialmente, pero en los despachos grandes de Europa ya se están jugando partidos que pueden cambiar una temporada entera. Y uno de esos movimientos tiene nombre propio: Alejandro Balde. El lateral izquierdo del FC Barcelona vuelve a estar en el punto de mira, esta vez con el Inter de Milán decidido a dar un paso al frente para intentar sacarlo del Camp Nou.
En Italia lo tienen claro. Necesitan energía, profundidad y un perfil capaz de marcar diferencias desde el carril. Y el nombre que más seduce en San Siro es el del internacional español. A sus 22 años, Balde no solo representa presente, también representa futuro y revalorización inmediata. Un activo deportivo y económico. Justo el tipo de operación que el Inter lleva tiempo estudiando.
El problema para el Barça es que el interés no llega en cualquier contexto. Aunque Balde tiene contrato hasta 2028, su titularidad no está escrita en piedra de cara a la próxima temporada. La competencia interna, los ajustes tácticos y la exigencia de rendimiento inmediato han abierto un escenario que hace unos meses parecía impensable. Nadie habla de salida forzada, pero en el fútbol moderno basta una duda para que los gigantes llamen a la puerta.

En Milán no improvisan. Siguen cada partido del lateral con lupa. Valoran especialmente su explosividad, capacidad para romper líneas y profundidad ofensiva. En la Serie A creen que su perfil encajaría como anillo al dedo en un esquema que exige recorrido constante y disciplina táctica. Y están convencidos de que, en el entorno adecuado, puede dar un salto competitivo definitivo.
Pero el Inter no juega solo. Desde Inglaterra también aprietan. El Manchester United ha sondeado la situación y no esconde que busca una solución estructural para su banda izquierda. La Premier siempre seduce, y cuando el músculo financiero inglés entra en escena, cualquier operación se dispara.
Aquí empieza el verdadero pulso. El valor de mercado del jugador ronda los 60 millones de euros, aunque en el Barça internamente no se plantean negociar por cifras que no reflejen su proyección. De hecho, ofertas cercanas a los 50 millones fueron rechazadas en el pasado. La postura oficial es firme: Balde es patrimonio deportivo del club. Pero la realidad económica del fútbol europeo obliga a escuchar.
El cuerpo técnico lo considera una pieza importante. Su capacidad para proyectarse en ataque ha generado situaciones decisivas esta temporada. Sin embargo, el debate no gira solo en torno a su rendimiento actual, sino a la planificación global. Si llegara una oferta considerada irrechazable, el club tendría que valorar si vender ahora para reforzar otras posiciones estratégicas.

Desde el entorno del jugador transmiten calma. La prioridad es crecer, competir y mantener regularidad en un año clave para consolidarse con la selección. Con la Eurocopa y el Mundial 2026 en el horizonte, cualquier decisión marcará su trayectoria. Cambiar de liga implica riesgo, pero también visibilidad y evolución.
En Milán lo saben. Por eso preparan la ofensiva con discreción. No quieren ruido innecesario, pero sí tener todo listo si se abre una rendija. La estrategia pasa por presentar un proyecto deportivo atractivo y competitivo, no solo dinero. La carta es clara: protagonismo inmediato en un club que pelea por títulos en Italia y Europa.
Mientras tanto, en Barcelona el mensaje público es de tranquilidad. Pero internamente hay conciencia de que este verano puede ser largo. La presión del mercado, la necesidad de equilibrio financiero y el interés de potencias europeas convierten cada movimiento en una decisión estratégica.

Lo que parecía imposible hace unos meses ahora es un escenario abierto. Inter y United observan. El Barça resiste. Balde espera. Y el mercado, como siempre, no perdona dudas. Si la ofensiva italiana se concreta y la cifra alcanza el nivel que en la Ciudad Condal consideran justo, la historia puede dar un giro inesperado. Porque en el fútbol actual, ningún contrato es blindaje absoluto cuando los gigantes llaman con fuerza. El culebrón apenas empieza. Y esta vez, el foco está en el carril izquierdo.




