En el fútbol moderno casi todo es versatilidad, pero hay un límite invisible que separa la adaptación del error táctico. Y ahí es donde se encuentra ahora mismo el FC Barcelona con uno de sus jugadores más determinantes del curso. Raphinha se ha convertido en un dilema constante para Hansi Flick, que busca encajar todas las piezas sin que el equipo pierda filo. El problema es que, cuando mueves a una figura clave, siempre hay consecuencias. Y en este caso, no son menores.
El técnico alemán ha probado en varias ocasiones al brasileño como mediapunta, una decisión que responde a dos ideas muy concretas. La primera, la sensación de que Raphinha tiene calidad suficiente para intervenir por dentro, asociarse y aparecer cerca del área. La segunda, mucho más estratégica, abrirle un hueco en el once a Marcus Rashford, un futbolista al que Flick sigue viendo como una fuente directa de goles y asistencias, pese a que su encaje colectivo todavía genera dudas.
Sobre el papel, la idea tenía lógica. En el césped, la realidad ha sido más incómoda. El Barça pierde una de sus principales armas cuando Raphinha deja la banda izquierda. No es solo una cuestión estética ni de preferencias personales. Es una cuestión de impacto real en el juego. Desde el extremo, el brasileño es clave en la presión alta, estira al equipo con desmarques constantes y genera espacios que otros aprovechan. Además, su presencia fija a los laterales rivales y libera el carril para Alejandro Balde, uno de los grandes beneficiados de su perfil.
Lo curioso es que Raphinha ya juega mucho por dentro… cuando parte desde fuera. La diferencia es sutil pero decisiva. Como extremo izquierdo, se mueve con libertad, aparece por sorpresa y elige el momento exacto para atacar el área. Como mediapunta, en cambio, se le exige continuidad, pausa y lectura constante del juego entre líneas. Y ahí es donde el rendimiento baja.
El contraste se vio con claridad en partidos recientes. El único gol de Raphinha actuando como ‘10’ puro llegó frente a Osasuna, cuando abrió el marcador. Ese día, además, volvió a marcar ya como extremo, confirmando una tendencia que se repite. Ante Levante y Espanyol, otros encuentros en los que arrancó por dentro, su partido fue discreto, lejos de su mejor versión. En cambio, frente a rivales de mayor exigencia como Alavés, Atlético de Madrid o Villarreal, su impacto fue notable… siempre partiendo desde la banda.
El duelo ante el Espanyol dejó otra pista interesante. La entrada de Fermín López cambió el ritmo del partido cuando la defensa rival ya estaba físicamente castigada. También Dani Olmo, otro especialista en esa zona, firmó acciones decisivas. Y ahí surge la pregunta incómoda: ¿tiene sentido forzar a Raphinha como mediapunta cuando el Barça dispone de perfiles naturales para esa posición?
Flick es consciente del problema. Y también de sus derivadas. Volver a colocar a Raphinha en la izquierda condiciona directamente los minutos de Rashford, cuyo futuro en el club empieza a depender de decisiones tácticas más que de su rendimiento puntual. El inglés quiere seguir, pero su mensaje interno es claro: necesita continuidad. Y eso, ahora mismo, no está garantizado si Raphinha regresa a su hábitat natural.
La situación tiene además un componente simbólico. El viaje de Raphinha en el Barça ha sido todo menos lineal. Pasó de protestar en la etapa de Xavi por jugar en la izquierda a explotar precisamente ahí con Flick. Ha demostrado ser un futbolista solidario, dispuesto a ayudar donde se le necesite, incluso cuando eso significa salir de su mejor versión. No todos lo hacen. Y eso también cuenta.
Esta semana, en Yeda, el brasileño defiende un recuerdo poderoso: el MVP de la Supercopa conquistado tras una final memorable contra el Real Madrid. Aquella actuación fue uno de los puntos más altos de su carrera en el Barça. Un reconocimiento individual que, paradójicamente, no tuvo continuidad en otros ámbitos, como el Balón de Oro o el once ideal del FIFPRO, donde su nombre brilló por su ausencia.
El dilema está servido. Flick debe decidir si prioriza el encaje global o la maximización de su futbolista más fiable en ataque. Porque los experimentos pueden ser necesarios, pero insistir en ellos cuando la evidencia apunta en otra dirección suele tener un precio. Y el Barça, ahora mismo, no está para pagar facturas innecesarias.
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