En el FC Barcelona ya no existen los intocables absolutos. Ni siquiera aquellos futbolistas que hace no tanto eran considerados pilares del proyecto. El nombre de Jules Koundé se ha colado en esa lista incómoda que nadie quería escribir, pero que el contexto económico y deportivo ha terminado imponiendo. El club escuchará ofertas por el defensa francés este verano y, si llega la cifra adecuada, no habrá marcha atrás.
No es una decisión tomada a la ligera ni fruto de un calentón puntual. En los despachos del Camp Nou se lleva tiempo analizando la situación con frialdad. Koundé tiene contrato hasta 2030, llegó como una apuesta estratégica y ha tenido momentos de alto nivel, pero el balance general ya no es tan incuestionable como antes. El Barça necesita decisiones valientes y esta puede ser una de ellas.
El rendimiento reciente del internacional francés ha sido el detonante. Alterna partidos sólidos con otros en los que sufre desconexiones defensivas, errores de posicionamiento y dificultades en los duelos clave. Para un jugador llamado a liderar la zaga durante años, esas dudas pesan. Hansi Flick esperaba más regularidad, más jerarquía y más impacto, especialmente en los partidos grandes. Y eso, hoy por hoy, no siempre aparece.

Además, su rol híbrido como central reconvertido en lateral derecho ha terminado por generar un debate interno. El cuerpo técnico valora su polivalencia, pero también considera que esa indefinición le ha impedido asentarse definitivamente en una posición. Ni central dominante ni lateral profundo de forma constante. En un Barça que busca certezas, eso se ha convertido en un problema silencioso.
La otra cara de la moneda es la económica. Y aquí el discurso cambia rápido. El Barcelona necesita ingresos importantes si quiere acometer fichajes de nivel y mantener el equilibrio financiero. Koundé es uno de los pocos jugadores de la plantilla con un valor de mercado alto, edad ideal y atractivo internacional suficiente para provocar una puja seria. En el club se maneja una cifra clara: alrededor de 80 millones de euros.
La Premier League aparece como el gran escenario de esta posible operación. Varios clubes ingleses llevan tiempo siguiendo al francés y valoran enormemente su perfil. Manchester United, Chelsea y Liverpool han preguntado en el pasado y podrían volver a hacerlo. En Inglaterra gusta su físico, su experiencia en grandes escenarios y su capacidad para adaptarse a distintos sistemas defensivos. Si uno de ellos decide ir con todo, el Barça sabe que la oferta puede dispararse.

También el Bayern de Múnich observa la situación con atención. El club alemán busca reforzar su defensa con jugadores contrastados y Koundé encaja en ese molde. Desde Barcelona no habría problema en negociar con un gigante europeo siempre que no sea un rival directo en LaLiga. Salir al extranjero es una prioridad si se trata de una venta de este calibre.
Internamente, la posible salida del francés abre un escenario interesante. Liberaría masa salarial, permitiría afrontar la llegada de un central más específico para el estilo de Flick y daría margen para reforzar otras posiciones prioritarias. El técnico alemán quiere una defensa más fiable, menos expuesta y con perfiles muy claros. La venta de Koundé podría ser el primer gran movimiento para construir esa nueva zaga.
Eso sí, el Barça tampoco tiene prisa. No está en venta a cualquier precio ni se regalará a un futbolista que sigue siendo de primer nivel. La postura es clara: se escuchan ofertas, se valoran y se decide. Si no llega una propuesta que realmente convenza, Koundé seguirá formando parte de la plantilla. La pelota también está en el tejado del jugador, que es consciente del ruido y sabe que su final de temporada puede marcar su futuro.

El mensaje del club es inequívoco. El Barça entra en un verano de decisiones duras, sin sentimentalismos y con la calculadora en la mano. Jules Koundé ya no es intocable, y su nombre promete ser uno de los más repetidos cuando el mercado abra sus puertas. Si alguien quiere llevárselo, tendrá que pagar. Y mucho.




