Hay fichajes que duelen cuando no salen. Y luego están los que regresan convertidos en protagonistas… con otra camiseta. Marc Pubill es exactamente eso para el Barça. El lateral que estuvo a un paso de firmar, que tenía el OK total para vestir de azulgrana, y que terminó marchándose a un rival directo para convertirse en una de las grandes revelaciones de LaLiga.
Hoy, en el Atlético de Madrid, Pubill no es una apuesta. Es una realidad. Llegó por 16 millones de euros procedente del Almería y en cuestión de meses se ha ganado la confianza absoluta de Diego Simeone, alternando con naturalidad el lateral derecho y el eje de la defensa. Físico, agresivo, con recorrido y personalidad competitiva. Lo que en Barcelona era una oportunidad de mercado, en el Metropolitano es presente y futuro.
La historia arranca en el verano de 2024, cuando el Barça buscaba con urgencia un lateral diestro tras descartar la continuidad de João Cancelo. Hansi Flick acababa de aterrizar y había pedido reforzar la banda. Deco llevaba tiempo siguiendo a Pubill, consciente de que su situación en el Almería podía abrir una ventana interesante. El futbolista, además, había vivido un episodio surrealista: pasó reconocimiento médico con el Atalanta, pero el traspaso se cayó cuando ya se intercambiaban documentos. Se quedó en Segunda División, en un club que necesitaba vender.

Ahí apareció el Barça. El plan estaba diseñado al milímetro para encajar en el límite salarial: una cesión pagada de cinco millones de euros que permitía al Almería recuperar parte de su inversión, y una opción de compra prácticamente obligatoria hasta alcanzar los 12 millones. Era una fórmula creativa, ajustada, pensada para sobrevivir a la asfixia económica del club.
Y había un detalle clave: Pubill quería ir al Barça. Su entorno había dado luz verde. El acuerdo personal estaba cerrado. Todo parecía encaminado. Pero el Almería se echó atrás en el último momento. Entendió que el mercado podía ofrecer más y decidió aguantar. El jugador, frustrado. El Barça, bloqueado por el margen financiero. La operación se enfrió… y murió.
Un año después, el desenlace es casi irónico. El Atlético paga 16 millones y se lleva a un futbolista ya más maduro, más curtido y con hambre acumulada. Simeone lo integra primero como lateral, luego como central en línea de tres, y Pubill responde con actuaciones sólidas, intensidad en el duelo y capacidad para proyectarse al ataque. Es, sin exagerar, uno de los defensores jóvenes con mayor crecimiento de la temporada.
En el Barça, mientras tanto, la reflexión es inevitable. No porque Pubill fuese una estrella consolidada, sino porque representaba exactamente lo que el club necesitaba: juventud, proyección y coste asumible. La situación económica obligó a priorizar otras urgencias y la oportunidad se perdió. No fue un no deportivo. Fue un no financiero.

Deco no solo tenía a Pubill en la lista. También trabajó en paralelo el nombre de Iván Fresneda, otro lateral de enorme proyección que hoy crece en el Sporting de Lisboa. Ambos eran perfiles estratégicos para rejuvenecer la defensa. Ninguno llegó. Y ambos están multiplicando su valor.
El caso Pubill tiene un componente emocional añadido. Se formó en la cantera del Espanyol, dio el salto profesional en el Levante y explotó en el Almería. Su trayectoria no fue meteórica, pero sí constante. Es el tipo de futbolista que mejora cada temporada y que, cuando encuentra el contexto adecuado, despega. El Atlético se lo dio. El Barça no pudo.
Ahora el destino quiere que Pubill pueda ser decisivo precisamente contra el club que casi fue su casa. En la Copa, en LaLiga o donde toque. El fútbol tiene esa crueldad elegante: las oportunidades no se repiten, se transforman.
En el Camp Nou no hay arrepentimiento público, pero sí una certeza silenciosa. Marc Pubill estuvo fichado. Literalmente. El límite salarial cambió el final. Hoy, convertido en pieza clave del Atlético, su nombre resuena como recordatorio de que en el mercado no basta con detectar talento. Hay que poder ejecutarlo. Y esa es la diferencia entre tenerlo casi hecho… y verlo triunfar en el equipo que ahora compite contigo.




