Las contundentes declaraciones de Laporta: “La Liga la vamos a ganar, aunque no quieran”

Joan Laporta volvió a escena y no dejó indiferente a nadie. En la puesta de largo de su precandidatura, el presidente no solo presentó lema y equipo: lanzó un mensaje directo, sin anestesia y con destinatarios claros. En medio del ruido por la derrota reciente y la polémica arbitral, el dirigente fue rotundo: “Será una Liga contra todo y contra todos, pero la vamos a ganar”. Y lo dijo convencido, mirando al frente y apelando al orgullo de un barcelonismo que siente que, más allá del césped, también se juega otro partido.

El contexto era evidente. El tropiezo en Girona todavía escocía y, sobre todo, algunas decisiones arbitrales que han encendido a la parroquia culé. Laporta no rehuyó el tema. Al contrario, lo puso en el centro del debate. Denunció que no se entiende cómo, en plena era tecnológica, hay jugadas que se revisan hasta el milímetro y otras que pasan de largo. “Con tanto soporte tecnológico, a veces se usa y a veces no. Y cuando pueden, nos fastidian”, vino a decir en un discurso que mezcló reivindicación institucional y defensa deportiva.

El presidente fue más allá. Habló de “círculos de poder que no descansan”, de intereses que no quieren ver al Barça levantando el título y de un clima que, según él, trasciende lo puramente futbolístico. “No solo nos quieren ganar en el campo. También fuera”, deslizó, convencido de que el club compite en más frentes de los que se ven en la clasificación. En ese marco encajó su famosa frase: “Será una Liga contra todo y contra todos”, una declaración que ya corre como la pólvora entre la afición.

Pero no todo fue denuncia. Laporta también quiso mandar un mensaje de tranquilidad puertas adentro. Reconoció que el equipo atraviesa un momento de bajón lógico tras una carga exigente de partidos domingo-miércoles. Nada que no le pase a cualquier aspirante serio al título. Lo importante, según él, es la reacción. Y ahí aseguró haber hablado con los jugadores y haber visto compromiso, carácter y hambre. “Tenemos un tesoro en el vestuario”, insistió, poniendo en valor la mezcla entre talento formado en casa y fichajes que han encajado bajo la dirección técnica actual.

El dirigente defendió con firmeza el trabajo realizado en estos años. Recordó los títulos conseguidos recientemente y subrayó que el club está “objetiva e indiscutiblemente mejor que hace cinco años”. Según su relato, la recuperación no ha sido fruto de la suerte, sino de decisiones valientes, trabajo diario y estabilidad institucional. “No ha sido un milagro”, enfatizó, reivindicando la gestión que, a su juicio, ha devuelto al Barça al lugar que le corresponde.

En clave electoral, el mensaje también tuvo destinatarios internos. Sin citar nombres directamente, lanzó advertencias sobre el riesgo de dejar el club en manos inexpertas. Reivindicó la experiencia como escudo frente a aventuras personales y defendió que el Barça no puede gestionarse únicamente como una empresa más. Para Laporta, la entidad es algo distinto: sentimiento, identidad y responsabilidad histórica. Un patrimonio que, en su opinión, debe protegerse con firmeza.

También hubo espacio para el orgullo deportivo más allá del primer equipo masculino. Se reivindicó el carácter multideportivo del club, los éxitos europeos y el impacto global del Barça en distintas disciplinas. Pero el foco, inevitablemente, volvió a la Liga. Porque ahí está la batalla simbólica y real. Porque ahí está el mensaje que más conecta con la grada.

Laporta cerró filas alrededor del equipo y pidió unión. Apeló al escudo, a la historia y a la fuerza de la masa social. Habló de orgullo, de resiliencia y de no dejarse arrinconar. Su tono fue combativo, pero también emocional. Sabe que en tiempos de duda el relato importa tanto como los resultados.

Y dejó una promesa que ya es titular: el Barça va a pelear la Liga hasta el final y la va a ganar, pese a quien pese. Puede sonar a desafío. Puede sonar a arenga. O puede ser simplemente una declaración de intenciones en un momento clave de la temporada y de la política interna del club.

Lo que está claro es que el mensaje ha calado. En el vestuario, según él, hay convencimiento. En la directiva, confianza. Y en la afición, una mezcla de indignación y esperanza que ahora encuentra altavoz. La carrera por la reelección acaba de empezar, pero también la recta decisiva del campeonato.

Laporta ha elegido bando y narrativa: resistencia, orgullo y victoria. Ahora falta lo más difícil: demostrar en el campo que no eran solo palabras.

Iker Maiz

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