El fútbol mundial despide a un jugador que nunca necesitó gritar para hacerse escuchar. Sergio Busquets, cerebro y equilibrio del mejor Barça de la historia, ha anunciado que al final de la temporada pondrá fin a su carrera profesional. Una trayectoria que no solo se mide en títulos, sino en la huella imborrable que deja en el estilo del club y en el corazón de millones de culés.
Hablar de Busquets es hablar de uno de los futbolistas más laureados de la historia del Barça. Nada menos que 32 títulos con la camiseta blaugrana: 9 Ligas, 3 Champions, 7 Copas del Rey, 7 Supercopas de España, 3 Mundiales de Clubes y 3 Supercopas de Europa. A esto se suman los trofeos con la selección española —Mundial 2010 y Eurocopa 2012— y los conseguidos en Miami junto a Messi, Alba y Suárez. Una colección que lo sitúa entre los jugadores más exitosos de todos los tiempos.
No era rápido. No era fuerte. No era un goleador. Pero Sergio cambió la manera de entender la posición de mediocentro. Pep Guardiola lo descubrió en el Barça Atlètic y lo llevó al primer equipo en 2008. Desde entonces, convirtió el “5” en un “10” oculto, el hombre que siempre sabía dónde estar y cómo mover el balón para que el juego fluyera. Como dijo Riquelme: “Busquets confundió al fútbol mundial”.
Al principio, no todos confiaban en él. En Sudáfrica 2010, tras la derrota ante Suiza, recibió duras críticas. Fue entonces cuando Vicente del Bosque lo defendió con una frase que aún emociona: “Si volviera a ser futbolista, me gustaría ser como Busquets”. A partir de ahí, se consolidó como pilar indiscutible de la Roja, llegando a 143 internacionalidades, solo superado por Ramos y Casillas.
Con el paso de los años, Busi se convirtió en mucho más que un pivote. Fue capitán del Barça tras la salida de Messi, levantando la Liga de 2023 junto a Xavi en los banquillos. Su forma de jugar y de entender el deporte lo convirtieron en una especie de “profesor” en el campo, ese jugador silencioso que hacía mejor a todo el equipo sin necesidad de acaparar portadas.
En 2023 cruzó el charco para vestir la camiseta del Inter de Miami, donde volvió a compartir vestuario con Messi, Alba y Suárez. Allí levantó la Leagues Cup y el Supporters’ Shield, y aún sueña con despedirse a lo grande conquistando la MLS en diciembre. Sería su título número 37, un broche perfecto para cerrar una carrera que parece salida de un cuento.
Aunque se retira de los terrenos de juego, Busquets no se alejará del fútbol. Su objetivo es formarse como entrenador y, quién sabe, volver algún día al banquillo del Camp Nou. El círculo perfecto: del chico tímido de Badía que debutó con Guardiola al líder sereno que podría dirigir al Barça en un futuro.
La retirada de Busquets es mucho más que el adiós de un futbolista. Es la despedida de un estilo de entender el juego: pausa, inteligencia, visión y fidelidad absoluta a unos colores. El Camp Nou siempre recordará su figura, porque como dijo una vez Xavi: “Si ves jugar a Sergio, entiendes cómo funciona el Barça”.
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