Si hay una demarcación que el Barça ha convertido en fortaleza en los últimos años, esa es la portería, un puesto donde el talento se acumula… y empieza a sobrar. Lo que hoy parece abundancia de talento mañana puede convertirse en un conflicto mayúsculo, de esos que desgastan vestuarios, bloquean decisiones deportivas y comprometen la economía. El club blaugrana se encamina, si no actúa con bisturí, hacia un escenario casi inédito: hasta seis porteros con contrato en vigor, más un séptimo llamando a la puerta desde la cantera. Una locura silenciosa que amenaza con explotar en cualquier momento.
El fichaje estratégico de Joan García, blindado hasta 2031, fue celebrado como una jugada maestra. Y lo es. El Barça ha apostado fuerte por un guardameta joven, fiable y con margen de crecimiento, al que ve como titular indiscutible durante la próxima década. Su contrato, con salario progresivo, refleja esa confianza absoluta. En este rompecabezas, él es la única pieza fija. El problema es todo lo demás.
Porque a su lado conviven ahora mismo Marc-André Ter Stegen y Wojciech Szczesny, dos nombres de peso, dos trayectorias intachables, pero con realidades muy distintas y, sobre todo, incómodas. El caso del alemán es el más delicado. Tiene contrato hasta 2028, pero no entra en los planes deportivos. El mensaje ya se le ha trasladado y es claro: no tendrá minutos. Aun así, Ter Stegen no piensa moverse si no recibe una propuesta que le seduzca deportiva y personalmente. No va a renunciar a su contrato, y el Barça necesita liberar masa salarial como el aire. Choque frontal. Y de los que acaban mal si no hay cintura política.
La idea del club pasa por buscar una salida pactada en verano, pero el tiempo corre y el riesgo es evidente: tener a un portero histórico, con peso mediático, sin jugar y cobrando como titular. Una bomba de relojería que nadie quiere tocar antes de tiempo.
En paralelo está Szczesny, renovado por una temporada más con una segunda opcional. El polaco ha sido y es un profesional ejemplar, muy valorado dentro del vestuario, pero su futuro parece escrito en letra pequeña. El Barça puede prescindir de él sin conflicto alguno y tampoco se descarta que él mismo decida colgar los guantes definitivamente. Aquí no hay drama, pero sí una decisión pendiente.
Y entonces llega el verdadero atasco. Porque mientras el primer equipo intenta aclararse, los cedidos regresan. El primero, Iñaki Peña, que renovó hasta 2027 antes de marcharse al Elche. Su temporada ha sido tan buena que vuelve revalorizado, con cartel y con la sensación de que está preparado para dar un salto más. En el Barça no descartan que pueda quedarse como segundo portero, pero también saben que habrá ofertas y que una venta ahora podría ser negocio puro.
A él se suma Ander Astralaga, internacional sub-21, que el curso pasado ya alternó primer equipo y filial. Su cesión al Granada ha sido irregular en minutos, pero sigue siendo un activo del club. Tiene contrato y el Barça deberá decidir si lo vuelve a ceder o si lo encaja como tercer portero, un rol ingrato para alguien que necesita jugar.
La lista continúa con Aron Yaakobishvili, quizá el nombre que más ilusión despierta en los despachos. A sus 19 años, el internacional húngaro ha explotado en el Andorra, donde es titular indiscutible. Su proyección no ha pasado desapercibida y varios clubes europeos ya le siguen de cerca. El Barça no quiere desprenderse de él, pero también es consciente de una realidad incómoda: en el Camp Nou no tendrá minutos. Y un portero joven sin minutos es un portero que se estanca.
Y por si faltaba alguien, aparece Diego Kochen, guardameta del Barça Atlètic, habitual en dinámicas del primer equipo, pero sin continuidad real. Su etapa en el filial parece agotada y, si el club no resuelve el embudo, no quedará otra que una cesión. Otro nombre más en la lista de decisiones urgentes.
La dirección deportiva es plenamente consciente del problema. Hay overbooking, sí, pero también activos que han ganado valor y que pueden convertirse en ingresos o en piezas clave para abaratar fichajes. El margen de error es mínimo. Si se actúa tarde, el Barça corre el riesgo de malvender, de acumular sueldos innecesarios y de generar ruido interno.
La portería del Barça, históricamente un puesto estable, se ha convertido en un tablero de ajedrez lleno de piezas sobrantes. El talento no falta. Lo que falta es tiempo y decisiones firmes. Porque si nadie mueve ficha pronto, el lío no solo seguirá creciendo. Explotará.
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