Raphinha y el año que lo cambió todo: 2025, la confirmación definitiva de una estrella mundial

Hay temporadas buenas, hay temporadas excelentes y luego están esas que cambian la percepción de un futbolista para siempre. El 2025 de Raphael Dias Belloli, Raphinha, pertenece sin discusión a este último grupo. No es solo una cuestión de títulos, cifras o premios individuales. Es la sensación, compartida dentro y fuera del Barça, de que el brasileño dejó de ser un jugador determinante para convertirse en una referencia absoluta del fútbol mundial.

La confirmación oficial llegó este domingo en Dubái, cuando Raphinha fue distinguido como mejor jugador de LaLiga 2024-25 en la Gala de los Globe Soccer Awards. Un reconocimiento que funciona como punto final simbólico a un año simplemente descomunal, en el que el extremo del FC Barcelona ha sido indiscutible, decisivo y constante, tres palabras que rara vez coinciden en una misma temporada.

A sus 29 años, Raphinha ha alcanzado una madurez futbolística que se refleja tanto en el césped como en su discurso. En el año natural 2025, fue pieza fija en el once de Hansi Flick, liderando desde la banda un equipo que conquistó los tres títulos domésticos. Sus números explican por qué: 24 goles y 15 asistencias en el año, cifras a las que añade siete goles y tres pases de gol desde el inicio de la actual temporada en agosto. Todo ello, además, con el asterisco de haberse perdido nueve partidos oficiales por una lesión en el bíceps femoral y una posterior recaída. Ni siquiera eso frenó su impacto.

Pero si algo define este año de Raphinha es que el brillo no se limitó a la estadística. La temporada 2024-25 fue, directamente, de élite absoluta. Cerró el curso con 34 goles y 26 asistencias en 57 partidos, y se proclamó máximo goleador de la Champions League con 13 tantos, los mismos que Serhou Guirassy. Un rendimiento que, en cualquier otro contexto, habría sido argumento suficiente para copar todos los focos individuales del fútbol internacional.

Por eso sorprendió, y no poco, su posición final en algunos premios de máximo prestigio. Raphinha terminó quinto en el Balón de Oro 2025, por detrás de nombres como Dembélé, Lamine Yamal, Vitinha y Salah. Una clasificación que el propio jugador calificó con una mezcla de orgullo y decepción. “Fue un honor estar entre los mejores, pero mis expectativas eran más altas”, reconoció con sinceridad en una entrevista reciente. Sin victimismo, pero sin esconder que sentía que su temporada merecía algo más.

Ese equilibrio entre ambición y realismo es una de las claves del Raphinha actual. Cuando se le preguntó directamente por el Balón de Oro, fue aún más claro: “No es algo que me quite el sueño”. Insistió en que su prioridad sigue siendo ganar títulos con el Barça y mejorar como futbolista, más allá de ceremonias y rankings. Un mensaje que repitió este domingo en Dubái, en un vídeo proyectado durante la gala, reforzando la idea de un jugador centrado y con los pies en el suelo.

Dentro del vestuario, el respeto hacia Raphinha es total. Fermín López ha destacado públicamente su intensidad diaria, subrayando que “marca el nivel de los entrenamientos” y eleva el estándar competitivo del grupo. Pedri lo ha señalado como uno de los futbolistas más determinantes en los partidos grandes, esos en los que el margen de error es mínimo. No son elogios de compromiso, son diagnósticos internos.

Desde el banquillo, Hansi Flick ha sido uno de sus mayores valedores. El técnico alemán ha puesto en valor la evolución táctica del brasileño, su capacidad para interpretar mejor los espacios y asumir responsabilidades en momentos clave. Flick no dudó en calificar de “difícil de entender” su ausencia en algunos onces ideales internacionales, asegurando que “su impacto debería situarlo en cualquier lista de élite sin discusión”.

Fuera del foco mediático, Raphinha también ha consolidado una faceta menos visible pero igual de constante. Su compromiso social con Porto Alegre, su barrio y su gente, se ha traducido en iniciativas solidarias sostenidas en el tiempo, alejadas del postureo. Desde su entorno insisten en que no son gestos puntuales, sino parte de su manera de entender el éxito y devolver lo recibido.

Todo eso explica por qué el 2025 de Raphinha no se mide solo en goles, asistencias o premios. Se mide en liderazgo, en credibilidad, en la sensación de que el Barça tiene en sus filas a un futbolista que ya no necesita reivindicarse. El reconocimiento como mejor jugador de LaLiga no es un punto de llegada, sino la confirmación oficial de algo que el fútbol llevaba meses gritando.

Raphinha no tuvo un gran año. Tuvo el año que separa a los buenos de los verdaderamente grandes. Y eso, en el Barça y en el fútbol mundial, ya no es discutible.

Iker Maiz

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