El Barcelona ya no se esconde. Mientras el equipo de Hansi Flick mantiene el pulso competitivo en La Liga, avanza en la Champions League y sigue vivo en la Copa del Rey, en los despachos del club se trabaja con una hoja de ruta clara: reforzar la defensa con un perfil que encaje en el nuevo modelo futbolístico y garantice fiabilidad a medio y largo plazo. En ese escenario, el nombre de Murillo, central del Nottingham Forest, ha ganado peso en las últimas semanas hasta convertirse en una opción real y avanzada.
El club azulgrana ha intensificado los contactos por el defensa brasileño de 23 años, actualmente uno de los zagueros más cotizados de la Premier League. Su valoración ronda los 50 millones de euros, una cifra elevada pero asumible dentro de la planificación deportiva que lideran Joan Laporta y Deco, siempre que se cumplan determinadas condiciones económicas. No se trata de una operación inmediata para enero, pero sí de una negociación estratégica pensada para el próximo verano.
La apuesta responde directamente a una petición de Flick. El técnico alemán quiere un central zurdo, rápido al corte, dominante en el juego aéreo y con capacidad para iniciar el juego desde atrás sin comprometer la línea defensiva. Un perfil muy concreto que hoy no abunda en el mercado y que el Barça considera clave para consolidar su propuesta de defensa adelantada, presión alta y control territorial.
Murillo encaja en ese molde. Su irrupción en la Premier no ha pasado desapercibida. Procedente del Corinthians, dio el salto a Inglaterra sin el foco mediático de otros compatriotas, pero se ha ganado el respeto a base de rendimiento inmediato, personalidad y una notable lectura táctica. En un contexto tan exigente como el del Nottingham Forest, el brasileño ha demostrado velocidad correctiva, contundencia en los duelos y una sorprendente serenidad con balón.
Los informes que maneja el Barça destacan especialmente su pierna izquierda, su capacidad para filtrar pases entre líneas y su facilidad para asumir riesgos sin perder fiabilidad. En el Camp Nou lo ven como el complemento ideal para Pau Cubarsí, una asociación que permitiría combinar juventud, talento y una jerarquía defensiva sostenida en el tiempo. La idea no es solo fichar un central, sino construir una pareja defensiva para la próxima década.
El contexto deportivo también empuja la operación. Las lesiones recurrentes de Christensen y la necesidad de gestionar mejor los esfuerzos en una temporada cargada de partidos han puesto en evidencia que la zaga necesita aire nuevo. Flick quiere defensas que no solo resistan, sino que eleven el nivel colectivo, y Murillo aparece como una solución estructural, no coyuntural.
Desde Inglaterra, el Nottingham Forest no tiene prisa. El jugador tiene contrato hasta 2029, lo que refuerza su posición negociadora. Además, varios clubes de la Premier siguen de cerca su evolución, conscientes de que su perfil encaja en equipos que apuestan por defensas valientes y agresivos. Aun así, el Barcelona juega con una baza poderosa: el interés del futbolista.
Murillo ve con muy buenos ojos la posibilidad de vestir de azulgrana. El proyecto deportivo, la presencia en la Champions y la opción de dar un salto competitivo definitivo pesan más que cualquier mejora salarial. El central entiende que el Barça puede ser el escenario ideal para consolidarse como defensa de élite a nivel europeo, y su entorno ya ha trasladado esa predisposición.
En los despachos del club catalán se trabaja con cautela. La operación solo se activará si antes se producen ventas estratégicas que liberen masa salarial y margen financiero. Deco tiene claro que no se puede hipotecar el equilibrio económico, pero también asume que invertir en un central con recorrido es una decisión que revaloriza el proyecto y protege al equipo a largo plazo.
La sensación interna es que Murillo no es una apuesta al azar. Es un perfil estudiado, seguido desde su etapa en Brasil y validado tras su adaptación a la Premier. El Barça no quiere entrar en subastas inflacionistas ni reaccionar tarde, y por eso ha decidido mover ficha con antelación.
Si las piezas encajan, el club podría cerrar uno de los movimientos defensivos más relevantes del próximo mercado estival. No sería un fichaje mediático al uso, pero sí una declaración de intenciones clara: el Barcelona quiere volver a dominar desde atrás, con centrales capaces de defender lejos del área y jugar como centrocampistas cuando el guion lo exige.
Murillo representa esa idea. Juventud, potencia, técnica y hambre. Justo lo que Flick quiere para apuntalar una defensa que aspira a sostener un Barça competitivo en todos los frentes. El tablero ya está en movimiento. Y esta vez, el Barça no improvisa.
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