Mientras todo el foco mediático apunta a operaciones imposibles y cifras astronómicas, en los despachos del Barça se cocina algo mucho más interesante. No es el nombre que más titulares vende ahora mismo. No es el fichaje galáctico que encendería las redes en cinco minutos. Pero puede ser el movimiento más inteligente del próximo verano.
El club tiene claro que necesita un delantero diferencial. La planificación deportiva, consensuada entre Deco y Hansi Flick, marca en rojo la posición de ‘9’. No se trata solo de pensar en el presente inmediato, sino de anticiparse a un relevo que tarde o temprano tendrá que llegar. El mercado de delanteros centro está inflado hasta el absurdo. Pocos nombres realmente determinantes y precios que rozan lo indecente.
El sueño evidente es Julián Álvarez. Pero el Barça no vive en un videojuego con presupuesto infinito. El Atlético no quiere vender y, si lo hiciera, hablaría de cifras que rondan los 150 millones de euros. En el Camp Nou pueden hacer un esfuerzo importante, sí. Pero no están dispuestos a hipotecar el proyecto por una sola operación. La entidad ha aprendido a golpes que el romanticismo financiero sale caro.
Y ahí es donde aparece un nombre que cada vez gana más peso en silencio: Omar Marmoush.

No es casualidad. El delantero egipcio ya estuvo en el radar azulgrana cuando explotó en el Eintracht Frankfurt, firmando números de élite en la Bundesliga y demostrando que no es un ‘9’ tradicional. Es rápido, técnico, agresivo en la presión y con una movilidad que encaja como un guante en la idea ofensiva que Flick quiere consolidar. Puede caer a banda, atacar espacios, asociarse por dentro y definir con frialdad. No vive anclado al área.
El pasado invierno dio el salto al Manchester City por unos 75 millones de euros. Pep Guardiola lo pidió convencido de que podía encajar en su estructura ofensiva. El problema es que en ese equipo hay una realidad innegociable: Erling Haaland es intocable. Y cuando compites contra un delantero que monopoliza el puesto y los minutos, tu margen se reduce al mínimo.
Marmoush ha cumplido cada vez que ha tenido oportunidades. Pero no ha tenido continuidad. Y para un futbolista en plena madurez competitiva, eso pesa. Mucho. En enero ya hubo rumores de inquietud. Ofertas no le faltan. Y en verano podría abrirse una puerta que hace meses parecía cerrada. En el Barça lo saben. Y están posicionados.
El escenario es interesante por varias razones. Primero, porque el City podría aceptar una cifra inferior a la que pagó si el jugador presiona para salir. Segundo, porque el perfil deportivo encaja con lo que se busca: movilidad, gol, intensidad y capacidad asociativa. Tercero, porque no exigiría el desembolso desproporcionado que implicaría la operación por Julián Álvarez.

El club quiere estar preparado para todos los escenarios. Si finalmente no se puede acceder al argentino, no habrá improvisación. Habrá plan B. Y ese plan B no suena a parche. Suena a oportunidad de mercado.
Internamente, los informes sobre Marmoush son muy positivos. Flick lo conoce bien de su etapa en Alemania. Valora su disciplina táctica y su capacidad para interpretar diferentes sistemas ofensivos. No es un delantero rígido. Es un atacante moderno. De esos que pueden cambiar el ritmo de un partido en dos acciones.
Además, existe un factor estratégico: el Barça necesita operaciones que combinen rendimiento inmediato y margen de crecimiento. Marmoush todavía tiene recorrido. No llega en fase descendente ni como apuesta desesperada. Llega, en caso de concretarse, como una pieza que puede consolidarse varios años.

Por supuesto, todo dependerá también del futuro de Lewandowski. Si el polaco continúa, el rol del nuevo delantero deberá gestionarse con inteligencia. Si finalmente sale, la necesidad se volverá urgente. En cualquiera de los dos escenarios, el egipcio encaja.
Sus números actuales en Inglaterra no reflejan todo su potencial. Pero los datos de la Bundesliga están ahí. Y en el fútbol de alto nivel, el contexto lo es todo. No es lo mismo jugar con continuidad que aparecer esporádicamente desde el banquillo.
El Barça no se mueve por impulsos. Esta vez no. Está analizando, esperando el momento adecuado y midiendo cada paso. Si el verano se complica en las operaciones más mediáticas, el nombre de Marmoush puede escalar rápidamente hasta convertirse en prioridad.
No es el fichaje que hoy encabeza todos los titulares. Pero puede ser el que, dentro de unos meses, muchos definan como el movimiento más inteligente del mercado.
Y cuando eso ocurre, suele significar que alguien en los despachos ha hecho muy bien su trabajo.



