El FC Barcelona vuelve a mirar a LaLiga cuando llega el momento de planificar fichajes estratégicos, medidos y con impacto inmediato. En un mercado cada vez más inflacionado, el club azulgrana ha detectado una oportunidad clara en San Sebastián: un guardameta contrastado, internacional y con una situación contractual que encaja a la perfección con la hoja de ruta marcada por Deco. Su nombre no es nuevo en los despachos del Camp Nou, pero ahora el contexto sí es distinto.
El Barça tiene bien cubierta la portería en el presente. Joan García, fichado desde el Espanyol por 24 millones de euros, se ha consolidado en tiempo récord como titular indiscutible. A sus 24 años, ha respondido con personalidad, regularidad y actuaciones decisivas tanto en LaLiga como en la Champions. Sin embargo, el club considera que el siguiente paso no pasa solo por protegerlo, sino por rodearlo mejor. Y ahí aparece una figura clave para elevar la competencia interna sin romper el equilibrio económico.
Ese perfil responde a Álex Remiro, actual portero de la Real Sociedad y uno de los guardametas más fiables del campeonato. A sus 30 años, se encuentra en un momento de plena madurez futbolística y, lo más importante para el Barça, su precio está a punto de desplomarse. Según informaciones contrastadas, su cláusula de rescisión bajará por debajo de los 10 millones de euros el próximo verano, cuando solo le reste un año de contrato en el Reale Arena. Una cifra que contrasta brutalmente con los 50 millones que blindaban su salida hace apenas un año.
El rendimiento de Remiro en la temporada 2025-26 explica por qué el interés azulgrana se ha reactivado con fuerza. 15 porterías a cero en 28 partidos, liderazgo constante y una fiabilidad que ha sido clave para mantener a la Real en la pelea europea. Su actuación ante el propio Barça en el último enfrentamiento directo, con paradas decisivas y dominio del área, no hizo más que reforzar una sensación ya existente en la dirección deportiva: es un portero preparado para cualquier escenario.
En el cuerpo técnico, Hansi Flick ve con muy buenos ojos esta opción. El técnico alemán considera que Remiro reúne dos condiciones esenciales: experiencia real como titular y una salida de balón solvente, imprescindible para un equipo que juega con la línea defensiva adelantada. No se trataría de un fichaje para desplazar a Joan García, sino de un movimiento pensado para elevar el nivel del día a día, proteger al titular en un calendario que supera los 60 partidos y garantizar fiabilidad en rotaciones, Copa o lesiones.
La reordenación de la portería azulgrana facilita el escenario. La cesión de Marc-André ter Stegen al Girona ha liberado masa salarial, mientras que el contrato de Wojciech Szczęsny, que expira en 2027, no se considera intocable. La salida de Iñaki Peña rumbo al Elche, pese a su renovación hasta 2029, confirma que el club no cuenta con él a medio plazo. Por su parte, Diego Kochen sigue siendo una apuesta de futuro, no una solución inmediata.
Desde el entorno del propio Remiro no se cierran puertas. A pesar de su fuerte vínculo con el fútbol vasco, la opción del Barça se valora como un salto natural en su carrera. Competir por títulos, jugar Champions de forma regular y formar parte de un proyecto en reconstrucción ascendente resulta atractivo para un portero que busca estabilidad deportiva en el tramo más importante de su carrera.
La Real Sociedad, mientras tanto, empieza a asumir un escenario complicado. Retener talento se ha convertido en una tarea cada vez más difícil, y la situación contractual del guardameta reduce su margen de maniobra. Si no renueva, el verano será el último momento para ingresar algo por uno de sus pilares. Y el Barça, atento a los tiempos, sabe que esperar puede ser la clave para cerrar una operación de bajo riesgo y alto rendimiento.
La planificación de Deco pasa por anticiparse sin precipitarse. Antes deberán concretarse salidas, pero la idea está clara: construir una portería competitiva, equilibrada y preparada para sostener la ambición del proyecto de Flick. En ese tablero, el nombre de Remiro aparece subrayado, no como una urgencia, sino como una oportunidad de mercado difícil de ignorar.
En silencio, sin ruido mediático excesivo, el Barça vuelve a hacer lo que mejor sabe cuando no puede gastar a lo grande: detectar el momento exacto para golpear. Y esta vez, el golpe podría llegar desde Anoeta.
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