Marcus Rashford aterrizó en el Camp Nou con la etiqueta de lujo: un cuarto delantero para dar oxígeno cuando los titulares lo necesitaran. Pero lo que pocos esperaban es que, en apenas unas semanas, el inglés estuviera alterando el guion de Hansi Flick con goles, asistencias y una influencia cada vez más evidente en el ataque blaugrana.
Ocho partidos. Solo cuatro como titular. Y aun así, Rashford ya ha logrado dejar su huella. En su debut europeo con el Barça, el inglés firmó un doblete contra el Newcastle en St. James’ Park, una noche que marcó un antes y un después. Flick lo definió entonces como “un fuera de serie” y sus compañeros no tardaron en reconocer el impacto inmediato del británico en la plantilla.
Tras aquella exhibición en Champions, lejos de relajarse, Rashford mantuvo la dinámica positiva. Encadenó cuatro asistencias consecutivas frente a Valencia, Getafe, Oviedo y Real Sociedad. Lo más llamativo: en partidos donde no partía como protagonista principal, siempre encontraba la forma de marcar la diferencia. Su presencia en el campo se ha convertido en sinónimo de peligro para el rival.
No todo son carreras y goles. Rashford ha añadido una nueva herramienta al arsenal blaugrana: el golpeo en los saques de esquina. Dos de sus últimas asistencias llegaron desde la esquina, con un centro milimétrico que le dio al Barça una variante más para abrir partidos cerrados. Flick lo sabe y el vestuario también: cada córner con Rashford es medio gol.
El entrenador alemán, aun entusiasmado con su progresión, ha querido dejar los pies del jugador en el suelo: “Ha dado un primer paso importante, pero ahora tiene que dar el segundo”. Ese “segundo paso” parece estar en camino. Rashford no solo suma en números, también en confianza, convirtiéndose en un recurso imparable por banda izquierda.
Sobre el papel, sigue siendo el “cuarto delantero”. Pero sus cifras y su nivel real dicen otra cosa. Rashford se ha consolidado como el máximo asistente del Barça esta temporada y, con dos goles en su cuenta, empieza a generar un dilema en Flick: mantener el plan inicial o abrirle de lleno las puertas de la titularidad. Lo que está claro es que su irrupción añade competencia sana y eleva el nivel de toda la delantera culé.
En una temporada larga y exigente, tener a Rashford a este nivel es un lujo para Flick y un motivo de ilusión para la afición. El inglés, con 27 años, parece decidido a demostrar que no ha venido solo a completar minutos, sino a ganarse un papel clave en el nuevo Barça. Y lo está haciendo con algo que nunca engaña: goles, asistencias y rendimiento inmediato.
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