Lewandowski mira al final sin miedo y deja una lección en el Barça

Robert Lewandowski no suele hablar por hablar. Cada frase que suelta viene masticada, pensada y, casi siempre, con un destinatario claro. Esta vez, el delantero polaco ha decidido mirar de frente a lo que muchos futbolistas esquivan hasta el último día: el final de su carrera. Y lo ha hecho sin dramatismo, sin nostalgia impostada y, sobre todo, sin miedo. En una entrevista en el podcast High Performance, centrado en la preparación mental del deportista de élite, el actual delantero del FC Barcelona ha dejado reflexiones que van mucho más allá del fútbol y que explican por qué sigue siendo una figura respetada dentro y fuera del vestuario.

A sus 37 años, con contrato hasta el 30 de junio, Lewandowski sabe que cada temporada puede ser la última. No lo oculta. Pero tampoco lo vive como una amenaza. “No tengo miedo de terminar mi carrera”, afirma con una naturalidad que descoloca. No es una frase vacía ni una pose de veterano curtido. Es la conclusión lógica de alguien que ha empezado a construir su futuro mientras todavía marca goles en la élite. “Estoy empezando a prepararme para ello, a preparar cosas que puedo hacer después del fútbol”, explica, dejando claro que su identidad ya no depende exclusivamente de lo que ocurra sobre el césped.

El polaco reconoce que durante muchos años su mundo fue monocromático. “Cuando era joven solo pensaba en fútbol, fútbol y fútbol”, confiesa. Pero el tiempo, los títulos y la experiencia le han enseñado que el deporte es una parte enorme de su vida, sí, pero no la totalidad. Ahora, en la recta final, se siente libre de presiones. No pone fechas, no se obsesiona con números. “No sé si será uno, dos, tres o cuatro años más”, admite. La decisión llegará cuando su cuerpo hable. Y cuando lo haga, dice, estará preparado para escucharle.

Ese cambio de mentalidad también explica su rol dentro del Barça. Cuando el club apostó por su fichaje, no solo buscaba goles. Buscaba liderazgo, disciplina y una figura capaz de marcar el camino a una plantilla cada vez más joven. Lewandowski lo sabía desde el primer día. Venía de un Bayern de Múnich acostumbrado a la exigencia máxima, a la dureza competitiva y a una cultura donde el error no se tolera dos veces. En Barcelona, el escenario era distinto.

“Vi muchos jugadores jóvenes que debían ser más duros consigo mismos”, relata. El club le pidió que les mostrara que estar en la cima no es algo puntual, que no basta con rendir bien durante unas semanas. Que lo verdaderamente decisivo ocurre en el día a día: en el gimnasio, en el descanso, en la constancia silenciosa. Pero pronto entendió que el liderazgo no podía imponerse como en Alemania. La cultura, la generación y la forma de entender el fútbol eran otras.

Ahí llegó el giro inesperado. Lewandowski no solo enseñó. También aprendió. “Cuando conocí mejor a la gente, empecé a aprender de ellos”, reconoce. Habla de empatía, de la importancia de lo que rodea al fútbol y de una sensibilidad diferente a la que él había conocido. Ese intercambio, lejos de debilitarle, le hizo crecer. Le obligó a adaptarse y a comprender que el vestuario actual funciona con códigos nuevos.

La reflexión se vuelve especialmente potente cuando menciona a los más jóvenes. Lewandowski asume el choque generacional sin complejos. “Soy mayor que el padre de algunos jugadores. Soy mayor que el padre de Lamine Yamal”, dice casi con asombro. Esa constatación le llevó a replantearse su enfoque. En lugar de imponer, decidió observar. Y lo que vio le sorprendió. Según explica, los jóvenes futbolistas del Barça entienden el juego a un nivel altísimo, incluso más que generaciones anteriores a esa misma edad.

“No creo que hace años, con la edad que tienen ahora, entendiéramos el fútbol tan bien como ellos”, afirma. Es una declaración potente viniendo de alguien que ha jugado en los mejores equipos del mundo. Lejos de caer en el discurso del veterano que critica a los jóvenes, Lewandowski les reconoce inteligencia, capacidad táctica y una lectura del juego muy avanzada. El fútbol ha cambiado, y él ha decidido cambiar con él.

En el fondo, la entrevista dibuja a un Lewandowski distinto al que muchos imaginan. Menos obsesionado con el récord y más centrado en el legado. Menos preocupado por el final y más consciente del camino. Su mensaje no es solo para los aficionados del Barça, sino para toda una generación de futbolistas que tarde o temprano deberán enfrentarse a la misma pregunta: ¿quién eres cuando el fútbol se acaba?

Lewandowski parece tenerlo claro. Y quizá por eso, precisamente por no tener miedo al final, sigue compitiendo como si aún tuviera todo por ganar.

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