El mercado de invierno todavía no ha entrado en su fase más caliente y ya hay movimientos que amenazan con alterar el tablero europeo. Uno de ellos llega desde el sur de Francia, donde el Olympique de Marsella ha decidido ir un paso más allá y plantear al FC Barcelona una operación poco habitual, directa y cargada de intención: un intercambio ofensivo que encaja, casi de forma incómodamente perfecta, con las necesidades actuales del club azulgrana.
En un contexto de control financiero extremo, vigilancia constante de la UEFA y márgenes de maniobra cada vez más estrechos, el Marsella ha optado por la vía pragmática. Nada de grandes desembolsos ni pujas interminables. La propuesta es clara y quirúrgica: aprovechar el excedente ofensivo del Barça para reforzarse de inmediato y, a cambio, ofrecer a los azulgranas un futbolista que atraviesa el mejor momento de su carrera.
El nombre propio de la operación es Mason Greenwood. El delantero inglés, de 24 años, se ha convertido en una de las grandes sensaciones de la Ligue 1, firmando 11 goles en 15 partidos, con actuaciones decisivas tanto en competición doméstica como en Europa. En Marsella no esconden que su rendimiento ha superado todas las expectativas iniciales y que su impacto deportivo ha sido inmediato, hasta el punto de condicionar la planificación del club a medio plazo.

Sin embargo, el Olympique también es consciente de que mantener a Greenwood no será sencillo si llegan propuestas de primer nivel. Y ahí es donde aparece el Barcelona como destino prioritario. El club francés considera que el perfil del inglés encaja de forma natural en el proyecto de Hansi Flick, tanto por su capacidad en el uno contra uno como por su versatilidad para actuar en ambas bandas o incluso como segundo delantero.
Para hacer viable la operación, el Marsella ha puesto un nombre sobre la mesa: Ferran Torres. El internacional español, de 25 años, no ha logrado consolidarse como titular indiscutible desde la llegada de Flick. Sus minutos han sido irregulares, su rol ha perdido peso y, aunque sigue siendo un futbolista valorado internamente, en el club entienden que su salida podría ser beneficiosa para todas las partes si llega la propuesta adecuada.
Desde Francia ven en Ferran una oportunidad de oro. Su experiencia en grandes ligas, su paso por clubes como Manchester City y Barcelona, y su capacidad para ocupar varias posiciones del frente ofensivo lo convierten en una pieza ideal para el nuevo proyecto marsellés. Además, su valor contable amortizado, cercano a los 5 millones de euros, permite que la operación tenga un impacto mínimo en el fair play financiero.

Para el Barça, el atractivo va mucho más allá del nombre. La posible llegada de Greenwood permitiría aliviar la masa salarial, liberando cerca de 12 millones de euros brutos, y al mismo tiempo incorporar a un atacante en plena explosión competitiva. Un perfil que no solo complementaría a Lamine Yamal, Dani Olmo o Raphinha, sino que ofrecería soluciones inmediatas pensando en la sucesión progresiva de Robert Lewandowski.
Los informes internos del área deportiva son claros. Greenwood destaca por su definición clínica, su amenaza constante a balón parado y su facilidad para generar ventajas en espacios reducidos. Flick valora especialmente su disciplina táctica y su capacidad para adaptarse a un sistema de presión alta, algo que no todos los extremos del actual plantel dominan con la misma naturalidad.
En Marsella, Roberto De Zerbi no ha escatimado elogios. En privado y en público ha llegado a señalar que Greenwood tiene condiciones para aspirar a los más altos reconocimientos individuales si mantiene esta línea. Su inclusión en el Equipo del Año de L’Équipe 2025 no ha hecho más que reforzar esa percepción de jugador diferencial.
Las conversaciones, eso sí, se están llevando con máxima discreción. Ambos clubes saben que la operación puede levantar ruido y prefieren avanzar sin filtraciones innecesarias. El Marsella, inicialmente, valoró a Greenwood en cifras cercanas a los 100 millones de euros, pero la inclusión de Ferran Torres rebaja de forma considerable esa exigencia y allana el camino hacia un acuerdo realista.

Deco, al mando de las negociaciones, ve con buenos ojos un trueque que evita pagos directos, esquiva cláusulas complejas como posibles derechos de reventa y se ajusta a la hoja de ruta marcada por la directiva. El mensaje es claro: optimizar recursos, ganar competitividad inmediata y no hipotecar el futuro.
Para Greenwood, el atractivo del Camp Nou es evidente. La visibilidad global, la opción de pelear por títulos y un entorno menos tóxico que otros escenarios pasados juegan a favor del Barça. En el club azulgrana saben que este tipo de oportunidades no aparecen todos los días.
Si la operación termina cristalizando en enero, no solo reforzaría a dos equipos con ambiciones claras, sino que marcaría una de las maniobras más inteligentes del mercado. Un intercambio sin fuegos artificiales, pero con una carga estratégica enorme. De esos que no siempre hacen ruido al anunciarse, pero que se entienden perfectamente cuando el balón empieza a rodar.




