El FC Barcelona ha cerrado en silencio uno de esos movimientos que no suelen abrir telediarios pero que, con el paso del tiempo, acaban explicando muchas cosas. Mientras el foco mediático se reparte entre fichajes galácticos, salidas dolorosas y equilibrios imposibles con el fair play financiero, el club ha asegurado la llegada de un extremo inglés de 16 años que ya ha despertado una expectación considerable dentro y fuera de la entidad. El acuerdo está cerrado, el jugador ha dado el sí definitivo y su desembarco en el Camp Nou es cuestión de semanas.
El protagonista es Ajay Tavares, nacido en 2009, un atacante de banda explosivo, atrevido y con una capacidad de desborde poco habitual incluso para el fútbol juvenil. No es un fichaje ruidoso ni caro, pero sí tremendamente estratégico. En los despachos del Barça lo definen como una de esas oportunidades que no se pueden dejar pasar, especialmente en un contexto en el que la cantera vuelve a ser una necesidad estructural y no solo una seña de identidad.
Tavares llegará inicialmente para reforzar el Juvenil A, aunque el plan está perfectamente trazado. La idea es que tenga una adaptación corta y que, si responde como esperan los técnicos, su salto al Barça Atlètic de Juliano Belletti se produzca en un plazo máximo de una temporada. No es un brindis al sol. Es una hoja de ruta clara, consensuada y alineada con la actual política deportiva.

Los informes que maneja la dirección deportiva son especialmente contundentes. Los ojeadores quedaron fascinados por su rendimiento en espacios reducidos, por su facilidad para eliminar rivales en pocos metros y por una personalidad competitiva impropia de su edad. Bajo, con apenas 1,70 metros, su centro de gravedad es mínimo y su cambio de ritmo, devastador. En Inglaterra ya le comparan, con todas las precauciones del mundo, con un Lamine Yamal en versión precoz, más por sensaciones que por números.
El movimiento encaja de lleno en la estrategia que está ejecutando Deco, centrada en reconstruir unas categorías inferiores muy castigadas en los últimos meses por lesiones, salidas y operaciones que no siempre han salido como se esperaba. La reciente marcha de Andrés Cuenca y los problemas físicos acumulados en varias posiciones ofensivas habían dejado al Juvenil y al filial con menos margen del deseado. Tavares llega para equilibrar talento, profundidad y descaro.
Además, su perfil casa con lo que busca el cuerpo técnico del primer equipo. Velocidad, presión alta, capacidad para atacar defensas desorganizadas y valentía en el uno contra uno. Son conceptos que Hansi Flick considera innegociables y que se trabajan desde abajo para facilitar futuras integraciones. Aunque nadie en el club habla abiertamente de primer equipo, sí se reconoce que el potencial está ahí y que La Masia es el entorno ideal para pulirlo.

La operación tiene otro valor añadido: el coste es bajo. En plena vigilancia económica, con cada euro examinado con lupa, este tipo de fichajes permiten invertir en talento sin comprometer la estabilidad financiera. Mientras nombres como Cancelo monopolizan titulares y generan ruido, el Barça aprovecha ese contexto para reforzar su base con movimientos quirúrgicos y de largo recorrido.
Ajay Tavares no llega solo. Su incorporación se suma a las de Hamza Abdelkarim y Joaquín Delgado, formando una triple apuesta joven que refuerza al Juvenil A y apunta a elevar el nivel competitivo del Barça Atlètic, que sueña con dar un paso adelante en su categoría. En el club hay convencimiento de que sin un filial fuerte no hay proyecto sostenible.
Desde Inglaterra, y en concreto desde el entorno formativo del Norwich, destacan la ambición del jugador y su deseo explícito de crecer en un modelo como el azulgrana. No ha sido una decisión impulsiva. El Barça ha vendido proyecto, minutos y una idea clara de progresión. Y eso, en edades tempranas, pesa tanto o más que el dinero.

En los despachos del Camp Nou nadie se atreve a ponerle techo, pero sí coinciden en algo: no es un fichaje de relleno. Es una apuesta meditada, coherente y alineada con una visión a medio y largo plazo. Si el proceso sale bien, Ajay Tavares puede convertirse en una de esas historias que empiezan sin ruido y acaban explicando por qué el Barça sigue creyendo, incluso en tiempos difíciles, que el futuro se construye desde abajo.




