El Barça, atento a la negociación del Espanyol por Ángel Alarcón

El mercado siempre tiene estas historias que parecen discretas, casi de fondo, pero que esconden mucho más de lo que aparentan. Una de ellas lleva nombre propio y vuelve a conectar al Espanyol y al FC Barcelona por caminos indirectos. Ángel Alarcón, extremo español con pasado en La Masia y presente en el Oporto, se ha convertido en uno de los objetivos prioritarios del club blanquiazul para reforzar sus bandas, una operación que ya está en fase de negociación y que el Barça sigue con lupa desde la distancia.

La información, avanzada por Matteo Moretto en Marca, confirma que el Espanyol ha iniciado contactos formales para explorar la llegada del atacante, convencido de que encaja en el perfil que busca la dirección deportiva: juventud, desborde, conocimiento de LaLiga y margen de crecimiento. No se trata de una simple llamada para preguntar “qué tal”, sino de una maniobra estudiada dentro de un mercado donde cada euro cuenta y cada decisión tiene consecuencias cruzadas.

Porque aquí no solo juega el Espanyol. El FC Barcelona observa la operación con especial interés, y no por nostalgia. Cuando Alarcón salió rumbo a Portugal, el club azulgrana se reservó el 50% de una futura venta, una cláusula que hoy convierte cualquier movimiento en una oportunidad de ingreso directo. No hay romanticismo, hay números. Y en el contexto económico actual del Barça, eso nunca es menor.

Ángel Alarcón llegó al Oporto tras cerrar su etapa en la cantera azulgrana con la etiqueta de talento a recuperar. Su aterrizaje en Portugal fue progresivo, sin alfombras rojas ni promesas inmediatas. Esta temporada ha alternado presencia entre el primer equipo y el Oporto B, disputando ocho partidos en la segunda división portuguesa y sumando minutos en competiciones oficiales con el primer equipo, incluyendo Liga, Europa League y Copa de la Liga. Ha estado ahí, pero sin continuidad real. Cerca, pero no dentro.

El Espanyol ve precisamente ahí su oportunidad. El club perico busca jugadores con hambre, futbolistas que necesiten un contexto estable para explotar, lejos de grandes focos pero con un escenario competitivo. Alarcón cumple ese perfil al milímetro. Conoce la ciudad, conoce el campeonato y llega con una mochila cargada de aprendizaje… y también de cuentas pendientes.

Formado en La Masia, fue una de las piezas más prometedoras de su generación. Su talento le llevó incluso a debutar con el primer equipo del Barça, bajo las órdenes de Xavi Hernández, un momento que parecía marcar el inicio de algo grande. Sin embargo, la realidad fue menos amable. Las lesiones frenaron su progresión en un momento clave y acabaron condicionando su salida del club. No fue falta de calidad, fue falta de continuidad. Y en el Barça, eso suele ser una sentencia silenciosa.

En el Oporto, su proceso ha sido más largo de lo esperado. El técnico Francesco Farioli decidió inicialmente enviarlo al filial para adaptarse al ritmo físico y táctico del fútbol portugués. No fue un castigo, sino una inversión. Aquella etapa resultó clave para que el jugador ganara confianza, ritmo y comprensión del juego. Tanto, que el propio entrenador acabó destacando públicamente su evolución.

Es un jugador que puede ayudar al equipo y tener impacto, ya sea como titular o saliendo desde el banquillo”, llegó a decir Farioli hace apenas unas semanas. Palabras bonitas, sí, pero que no se han traducido en minutos constantes. En los últimos cinco partidos de Liga, Alarcón apenas ha acumulado 43 minutos, una cifra que explica por qué su futuro vuelve a estar sobre la mesa.

Aquí entra en juego la forma de la operación. El Espanyol estudia diferentes escenarios, desde una cesión con opción de compra hasta un traspaso directo, dependiendo de las exigencias del Oporto y de la viabilidad económica. Cada fórmula tiene implicaciones distintas, y en todas ellas aparece el Barça como actor secundario pero beneficiado. Cualquier venta activa automáticamente su porcentaje, algo que en la Ciutat Esportiva no pasan por alto.

Para el jugador, el movimiento también tiene sentido. Volver a Barcelona, aunque sea con otra camiseta, significa recuperar protagonismo, competir en un entorno conocido y relanzar una carrera que todavía está lejos de su techo. Para el Espanyol, es una apuesta medida. Para el Barça, un ingreso inesperado sin mover ficha. Y para el mercado, una de esas operaciones silenciosas que, cuando se cierran, todo el mundo entiende.

Nada está cerrado, pero las conversaciones avanzan. Y cuando tres clubes observan la misma operación desde ángulos distintos, suele ser señal de que algo importante se está cocinando. Aquí nadie se mueve por casualidad. Y Ángel Alarcón, otra vez, está en el centro del tablero.

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